Contra la censura: ensayos sobre la pasión por silenciar | J. M. Coetzee

“Es mucho lo que está en juego. Cuando al escritor se le concede solo la libertad de pronunciar las letras de la A a la M, su palabra adquiere de inmediato un peso peculiar si arriesga no solo su comodidad, sino también su seguridad personal, para decir N, V o Z. Debido al riesgo que ello comporta, su palabra adquiere una nueva resonancia”(p. 248).

Coetzee

Frente a las pretensiones de censura, la confrontación luce inevitable, argumenta Coetzee. La razón es más bien sencilla: la vocación del escritor lo impulsa a seguir su conciencia.

A través de varios ensayos Coetzee describe que no es fácil trabajar bajo censura, y demuestra que la dificultad no proviene únicamente de la persistente presencia de lo externo, del censor, sino de la trasformación que este busca.

“Trabajar bajo censura es como vivir en intimidad con alguien que no te quiere, con quien no quieres ninguna intimidad pero que insiste en imponerte su presencia. El censor es un lector entrometido que entra por fuerza en la intimidad de la transacción de la escritura” (p. 59).

¿Qué busca? “El sistema es un dispositivo diabólico para aniquilar tu propia alma”, cita a George Mangakis en su obra; en otras palabras, el objetivo final de la censura es lograr la autocensura.

Y ahí sí hay peligro. “La batalla contra la autocensura es anónima, solitaria y sin testigos, y hace que el sujeto se sienta humillado y avergonzado por colaborar. Significa leer tu propio texto con los ojos de otra persona” (p. 56).

Era imposible leer esta obra fuera del contexto actual; recomiendo su lectura no solo a periodistas y escritores, sino a todo ciudadano que busque entender lo que hay detrás de esta pasión por reprimir desde su raíz lo que pensamos.

Léala antes de que termine amando al Gran Hermano.

 

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