Sector privado con blindaje social

Expertos coinciden en que la experiencia personal es el factor que más influye en la percepción favorable que goza el sector privado nacional

Se dice que el mejor ataque es contar con una sólida defensa, y en el contexto donde se libra la llamada guerra económica la premisa parece tener validez, ya que de acuerdo a mediciones recientes, el respaldo a la empresa privada ha venido creciendo sostenidamente durante los últimos cuatro años, motivado principalmente a la reputación que a lo largo del tiempo ha ganado el sector, como un factor determinante para el crecimiento económico no solo del país, sino para el progreso personal.

Encuestadoras como Datanálisis, Datos y Edelman Trust Barometer, ubican el nivel de percepción favorable del sector privado sobre 60 % – la empresa Datos lo ubica sobre 77 % -. Luis Vicente León, socio director de Datanálisis, afirma que la empresa privada ha sido consistentemente bien evaluada por los venezolanos, posicionándola junto a las organizaciones no gubernamentales, la Iglesia y los medios de comunicación, entre los primeros lugares en términos de valoración, por encima del Gobierno y las Fuerzas Armadas.

La razón para esta valoración positiva, a juicio de León, yace en el hecho de que el contexto que más inquieta a los ciudadanos es el económico, pues este impacta directamente sobre su calidad de vida. “Al venezolano le preocupa la inflación porque incide en sus ingresos, y el desabastecimiento porque afecta la calidad de su consumo”, señala León, quien añade que en el plano individual, la percepción es que la satisfacción de las necesidades económicas personales –mejores condiciones de empleo y acceso a bienes y servicios de calidad-,  está atada a la existencia y fortaleza de la empresa privada.

Esta vinculación entre el progreso personal y el sector privado no es nueva. La experta en opinión pública y profesora de la Universidad Central de Venezuela, Mariana Bacalao, afirma que “históricamente, el venezolano ha estado muy consustanciado con el tema del progreso y la movilidad social, donde la educación y el acceso a un empleo en una buena empresa eran vistos como garantías para mejorar la calidad de vida del núcleo familiar”.

Sin embargo, Bacalao señala que esta percepción comenzó a deteriorarse a mediados de los años 80, cuando la reputación de muchas empresas comenzó a cuestionarse.

“Se evidenció la existencia de un empresariado socialmente irresponsable, que sacaba de la mina sin dejar nada adentro. La opinión pública recuerda casos de esta época donde empresas quebraban dejando a sus trabajadores sin protección, mientras se sabía que sus dueños gozaban de una excelente salud financiera”, afirma Bacalao.

A juicio de la experta, este contexto de cuestionamiento sobre la responsabilidad social del sector privado es el que permitió que un discurso de ‘guerra económica’, impulsado con la llegada de Chávez al poder, calara en la sociedad. Discurso que, de acuerdo a cifras del Observatorio de Derechos de Propiedad, fue acompañado de acciones concretas, ya que entre 2005 y 2010, el Gobierno expropió 1237 empresas privadas, apalancado según voceros del Gobierno, en la necesidad de restaurar la dignidad de los trabajadores frente a prácticas explotadoras.

Pizzolante
Ítalo Pizzolante

El pulso entre lo que se dice y lo que se hace

El Ing. Ítalo Pizzolante, experto en comunicación y reputación empresarial, señala que un mal entendido bajo perfil, aunado a la suposición de que la comunicación de la empresa debía limitarse al plano publicitario, generó una desvinculación entre el sector privado y la sociedad durante los primeros años del mandato del presidente Chávez.

“Lo que las empresas dejaron de comunicar abrió un espacio de oportunidad para que el Gobierno impusiera su versión de los hechos. Los empresarios fueron tímidos en fijar sus posiciones y cedieron terreno”, observó.

Pero no era solo falta de estrategia del sector privado, ya que Bacalao apunta a que era muy difícil hacer contrapeso a la retórica oficial, tanto por su atractivo, como por la cantidad de recursos que este invertía. “El proyecto socialista que lideró Chávez y que continúa el presidente Maduro, en el discurso siempre ha tenido las de ganar porque suena muy bien, el problema está en la consistencia al llevar esas promesas a la práctica”, advierte la experta en opinión pública.

Ahí estaría la distorsión, ya que el discurso se enfrenta constantemente a la realidad y de acuerdo a los expertos consultados, la experiencia personal pesa más que cualquier retórica, premisa que es válida tanto para el Gobierno como para la empresa privada. Al respecto, Bacalao señala que “en la práctica debes demostrar que eres responsable con tus empleados, porque el macromensaje a través de los medios será contrastado directamente por la gente. Ese micromensaje, el de boca a boca, es el que a largo plazo moviliza la opinión pública”.

Los números parecen respaldar tal afirmación, ya que según cifras de Datanálisis, 65 % de la población opina que las empresas expropiadas producen menos que cuando estaban en manos privadas, eso es 7 de cada 10 personas. “El discurso puede acallar la realidad puntualmente, por ejemplo, durante el pico de una campaña política, pero cuando pasa ese momento la realidad es difícil de esconder”, afirma León, a lo que añade que paralelamente, los datos confirman que la percepción favorable hacia la empresa privada no ha caído por debajo de 50 % en los últimos 14 años, lo que habla de la existencia de una reputación sólida.

Sostenibilidad: clave del blindaje social

“Donde el sector privado desarrolla actividades económicas sostenibles, las personas que allí habitan encuentran posibilidades para salir de los círculos de exclusión y marginalización”. PNUD, 2009

La reputación, afirma Pizzolante, es un fenómeno que está vivo y que se construye a través de la suma de acciones y omisiones en el tiempo.

“Aquellas empresas que no han respaldado de forma consistente a su comunidad de interés –empleados, proveedores y clientes- y creen que individualmente puede afrontar los problemas frente a un Estado cada vez más controlador, fracasan en el intento”, advierte el experto en comunicación corporativa.

La consolidación de ese activo intangible a través de acciones que impacten positivamente en la comunidad de interés de la empresa, parece ser el norte de los planes de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) en la actualidad.

Al respecto, Pizzolante afirma que “la primera acción de RSE que una empresa debe acometer es velar por el bienestar social de sus empleados a través de procesos de gestión responsables, es decir, que sean sostenibles en el tiempo”.

Pizzolante refiere que las políticas públicas han buscado competir desde una visión monopólica, con las acciones de RSE de la empresa privada. De ser así, desde el punto de vista numérico tendrían una base importante sobre la cual impactar. De acuerdo a cifras del Instituto Nacional de Estadística, el Estado uno de los principales empleadores de la población activa del país, pasando en 10 años de 14 % a 35 %, es decir, que para mayo de 2013 el Estado ha pasado a emplear a 2.669.088 personas.

Esta pugna entre el sector público y el privado por mejorar las condiciones de los trabajadores sería un ganar-ganar, si las mismas pudieran sostenerse en el tiempo, condición que ponen en duda los expertos consultados. “Hay una diferencia importante entre una acción social para ser atractivo a la sociedad y un proceso socialmente responsable. El primero busca cambiar el beneficio por un voto, y no la inversión por el bienestar”, afirma Pizzolante.

La construcción de un blindaje social que genere niveles importantes de valoración positiva en la población requiere de tiempo.

“Este blindaje es consecuencia de la coherencia entre lo que el actor dice y lo que hace durante su trayectoria, y debe basarse en el percepción de bienestar común, que va más allá de la empresa. Cuando esa coherencia existe, el respaldo a la empresa privada surge genuinamente”, afirma Pizzolante.

A juicio de León, el respaldo a la empresa privada está basado en atributos concretos que perciben los venezolanos desde dos dimensiones vitales, como trabajador y como consumidor. En el primer caso, destacan la estabilidad laboral y mejores beneficios; en el segundo, el acceso a las marcas que desea consumir. “El análisis de los datos refiere que la vinculación con el sector privado es de carácter personal: el ciudadano percibe que la empresa privada es buena para él, como individuo, para mejorar su calidad de vida”, concluye León. Ante lo cual, no hay discurso que valga.

Por Gitanjali Wolfermann

*Versión original publicada en la edición 301 de GERENTE

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