MUD afrontaría campaña con más creatividad que dinero

Tras meses de negociaciones, la MUD finalmente logra la “unidad perfecta” y –a pesar de todos los contratiempos- va en búsqueda de una victoria sin precedentes. El reto estará en encarar una campaña electoral que, en consonancia con la realidad económica del país, tendrá menos recursos disponibles. El dinero, afirman expertos, sí hace una diferencia en el terreno político, no obstante, su poder de compra no es infinito | Por Gitanjali Wolfermann

“Es una mala costumbre estar dependiendo excesivamente del dinero para hacer política; aunque es cierto que no es lo mismo hacer campaña con dinero que sin él”, afirma el economista José Guerra, candidato por la Unidad Democrática a la Asamblea Nacional por la circunscripción 4 del Distrito Capital, que abarca las parroquias Santa Rosalía, El Valle y Coche.

Guerra tiene razón: la evidencia demuestra que el dinero sí es un factor definitorio en la mayoría de los procesos electorales, en Venezuela y en el mundo. “Está bien establecido que los partidos y candidatos que tienen más dinero son los que tienen más chance de ganar las elecciones; de hecho, en contextos como el norteamericano, la cantidad de dinero recaudada por un candidato sirve como indicador del éxito que tendrá en la elección”, afirma el profesor Ángel Álvarez, doctor en Ciencias Políticas.

Sacar cuentas sobre el financiamiento de las campañas políticas es prácticamente imposible en Venezuela, no obstante, un vistazo a los procesos electorales de los últimos años basta para establecer que la coalición opositora se mide no contra el PSUV, sino contra los ingentes recursos públicos que destina el Estado para inclinar la balanza a su favor.

“En un sistema electoral como el nuestro, el dinero que viene desde el Estado es lo que genera la diferencia entre los recursos que tienen los candidatos oficialistas versus los opositores; ahora bien, no hay que ignorar que el carisma de Chávez pesaba tanto como el dinero, ya que en las elecciones de 2013, a pesar del monstruoso uso de recursos por parte del gobierno para la candidatura de Maduro, la diferencia fue menor al 2%, es decir, si bien hay una tendencia a suponer que quienes tienen más dinero poseen más posibilidades de ganar, lo cierto es que hay otras circunstancias que afectan el resultado electoral”, explica Juan Manuel Trak, doctor experto en procesos políticos contemporáneos.

¿Para qué sirve el dinero en una campaña electoral?

Álvarez explica que el dinero sirve básicamente para potenciar el chance de lograr tres objetivos:

1.- Reforzamiento del voto: durante el período de campaña hay que generar confianza en torno a la posibilidad de ganar, e insistir en la importancia de salir a votar. “Esto es vital en el caso de la MUD, ya que a la oposición le ha afectado la abstención coyuntural –no la crónica del país que ronda el 25%-, sino la que deriva de electores opositores que dejan de votar por múltiples causas, entre ellas, el desánimo”.

Trak explica que el problema recurrente en las elecciones parlamentarias es que la gente no vincula esa votación con la solución a sus problemas, y hay electores que al no entender esa conexión sencillamente dejan de votar. El dinero, invertido principalmente en comunicación y movilización, sirve para reforzar el mensaje y reducir el margen de abstención.

2.- Atraer a los indecisos: esta es una inversión crucial, no en balde se estima que este porcentaje de electores termina definiendo los procesos electorales. “El objetivo de una campaña es influir en aquellos que no tienen definida su intención de voto, en quienes el mensaje persuasivo del candidato tiene chance real de incidir”, señala Álvarez.

3.- Influir en los votantes del adversario: el tercer aspecto en el que sí incide el dinero invertido en una campaña electoral es convencer al adversario de que su esfuerzo será en vano pues igual va a perder. Sostiene Álvarez que “si un elector percibe que su voto no hará ninguna diferencia seguramente se abstendrá de votar; promover la abstención del voto del adversario es un objetivo comunicacional importante”.

Lo que no compran los reales

De manera similar, Álvarez señala que hay tres instancias sobres las cuales el dinero no parece tener mayor capacidad de influencia durante una campaña electoral:

1.- No cambia las preferencias del voto duro: si un elector está plenamente convencido de su posición, es poco probable que vaya a cambiar de opinión durante la campaña electoral, de hecho, en muchos casos la campaña refuerza su determinación inicial.

2.- No incide en una situación de elección crítica: se refiere a los casos en los que no hay una fuerte identidad por uno de los candidatos. Esto se ve, por ejemplo, en procesos de cambio de regímenes en los que las convicciones del electorado no son sólidas y da lo mismo votar por una opción que por otra.

3.- No determina el resultado en elecciones subnacionales: la lógica es que mientras más reducida sea el área geográfica a influenciar, menos incide una gran inversión de recursos, ya que en estos casos pesa más el contacto directo, cara a cara, con el elector.

Bajo estas premisas, y de cara a una elección con recursos limitados, todo indica que la mejor apuesta opositora estaría, por un lado, en destinar sus recursos económicos a asegurar que los electores afines a su causa salgan masivamente a votar, buscando reducir a mínimos históricos la abstención, al tiempo que atraen al votante indeciso; y por el otro, enfocar el esfuerzo de cada candidato en fortalecer su conexión personal con su circunscripción. Suena fácil, pero a menos de 130 días para el 6D, a la merma de recursos se suma la falta de tiempo, y en política, el tiempo es casi tan valioso como el dinero.

En efecto, los últimos procesos electorales han evidenciado que la votación opositora no ha hecho más que crecer, apunta Álvarez, sin embargo, no sabemos si ha crecido donde tiene que crecer. Esta podría ser una elección ideal para la oposición –en términos de transformarla en una evaluación plebiscitaria-, siempre y cuando se cumplan dos condiciones: que el voto opositor no se abstenga; y que se distribuya en todo el territorio nacional.

Si lo segundo ocurre pero el voto se concentra en los grandes centros urbanos, la oposición podría perder aunque ganara a nivel nacional, es decir, repetir el escenario de las elecciones parlamentarias de 2010.

“Si el voto opositor aumenta pero sigue distribuido geográficamente como en las elecciones de 2013, no ganará la Asamblea Nacional incluso sin la presencia de fraude. El esfuerzo tienen que hacerlo en aquellos estados y circuitos donde el voto opositor no ha sido históricamente mayoritario, y ese trabajo de los partidos políticos es lo que consume tiempo, implica un trabajo permanente en las comunidades, más allá del impacto que pueda lograrse durante una campaña”, argumenta Álvarez.

Una campaña pobre versus una pobre campaña

“Hay una relación real entre el dinero y la política, pero en el contexto electoral, una campaña pobre no es necesariamente una pobre campaña”, argumenta Miguel Sogbi, consultor en comunicación estratégica orientada hacia el campo político.

Si el candidato dispone de pocos recursos, la recomendación es destinarlos a dos áreas clave: la comunicación y la defensa del voto. En relación a lo primero, explica que además de evaluar el mensaje en sí –su coherencia, su conexión con el elector-, también hay que tomar en cuenta la variable que más incide sobre su efectividad: el tiempo.

“El acceso a medios de difusión masivos es muy costoso y está cada vez más restringido, no en vano la campaña durará solo 21 días, modo ex profeso de impedir que el adversario tenga tiempo para posicionar su mensaje”.

Sobgi explica que la vía para sortear ese obstáculo es salir a la calle y llevar el mensaje personalmente a la comunidad. “Los candidatos, en mayor o menor medida, ya han comenzado a hacer lo que tienen que hacer: exponerse, conocer las necesidades de su zona y llevar sus propuestas. Tendrán que caminar mucho, patear calle, realizar asambleas y reuniones, mantener un contacto directo y permanente con los electores; eso, además de ser muy barato, es lo más efectivo”.

José Guerra –quien ganó las primarias de su circunscripción con casi 96% de los votos-, lo ve claro: “La falta de dinero la hemos sustituido con mucho contacto personal y eso nos dio buenos resultados. Ante la ausencia de medios masivos hay que apelar al activismo en la calle; es una realidad que los medios tratan de minimizarnos, pero para eso está la calle, ir casa por casa y usar medios creativos de propaganda. No hay cómo hacer una campaña convencional en estos tiempos”.

De la experiencia adquirida a raíz de las primarias, Guerra destaca la importancia de enfocar el mensaje en el tema social. “La gente está sufriendo mucho por la caída del ingreso y la escasez; nosotros tenemos que presentarnos como una opción para cambiar esa situación. La clave es hablar el lenguaje de la gente y sobre todo, plantear una alternativa creíble y viable”.

Trak destaca que uno de los pecados capitales de la oposición estaría en quedarse en un discurso de crítica, que no ofrezca un proyecto con propuestas concretas que resuelvan los problemas inmediatos del elector. La MUD parece haber captado la importancia de la comunicación ya que esta semana presentará una estrategia unitaria que alineará a los 167 candidatos.

En función de la defensa del voto, la alianza opositora también anunció la creación de un comando que se dedicará exclusivamente a esta labor. “Si me preguntas dónde se ganan estas elecciones, porque hay que tener claro que no se trata de una elección, sino de muchas en paralelo, la respuesta es en cada centro de votación. Eso implica destinar gran parte de los recursos de los partidos y las organizaciones a cuidar el voto”, señala Sogbi.

El costo de la unidad

Los expertos consultados coinciden en que el costo más alto que ha pagado la oposición ha sido el tiempo invertido en dirimir sus controversias internas y ponerse de acuerdo. Apuntan a que es justamente esa percepción de desunión, lo que les ha impedido hasta ahora capitalizar la debacle económica y social.

“La situación del gobierno nunca ha sido peor; la popularidad de Maduro es ínfima y las fracturas internas del PSUV son evidentes. No obstante, aún cuentan con cuatro elementos a su favor: la inercia del voto chavista; la coerción y el miedo a un desenlace violento; la abstención opositora; y la ingeniería electoral”, apunta Álvarez.

“En un sistema democrático normal, el voto castigo en función de los pésimos indicadores económicos y sociales estaría garantizado, pero cuando prima el miedo, la coerción y la amenaza a represalias, esa relación entre descontento y revés político no es tan directa”, argumenta Trak.

Aún con el tiempo perdido, la oposición arranca esta larga recta final con una ventaja que oscila entre los 18 y 28 puntos. “Los números son contundentes y el PSUV no ha podido frenar esa caída, al contrario, se agrava. Lo que queda es capitalizar y alimentar esa esperanza. En la historia, ha habido elecciones en las cuales el poder de la esperanza es más fuerte que el poder del dinero”, sostiene Sogbi.

El día que finalmente Voluntad Popular anunció su adhesión a la tarjeta única, uno de los líderes de ese partido y alcalde del municipio El Hatillo, David Smolansky, declaró que esta sería una “una campaña sin precedentes”. También sin precedentes tendrán que ser los resultados que requiere la MUD para hacerse de la mayoría en la Asamblea Nacional.

Este reportaje fue publicado el 02/08/15 en la revista Newsweek en español Venezuela.

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