Un 6D para la Historia

Mañana, cuando me toque echar el cuento de por qué se celebra el 6 de diciembre de 2015, diré que celebramos que los partidos políticos agrupados en torno a la MUD, vencieron las fracturas y asumieron el compromiso de la unidad; que la gente, pese a tanta amenaza e intimidación, venció el miedo y la desesperanza; y que los periodistas vencieron la censura impuesta por la hegemonía comunicacional del gobierno, al informar a través de las plataformas digitales. Lo sabemos: esta elección parlamentaria ya pasó a la Historia, la que se escribe con mayúscula, esa que no solo entra en los libros sino que perdura para siempre en la memoria y corazones de un pueblo | Por Gitanjali Wolfermann

La versión larga de ese relato épico irá más a menos así: tras 16 años de vivir bajo la sombra de un gobierno que tenía secuestrados todos los poderes públicos, el 6 de diciembre de 2015 fue la primera vez que la oposición venezolana logró una victoria política contundente. Más de 8.000.000 de venezolanos votaron a favor de un cambio en la Asamblea Nacional. De acuerdo con el CNE, votó más de 74 % del padrón, cifra récord en nuestro país para una elección de este tipo. La oposición se alzó con suficientes escaños para hacer que el clamor por un cambio se hiciera realidad.

Para los partidos políticos, el 6 de diciembre de 2015 fue el día en que vieron los réditos de la unidad; y fue así porque a diferencia de intentos anteriores, para esa gesta política la unidad fue un hecho concreto, palpable, no una careta retórica. Los partidos agrupados en torno a la MUD vencieron sus fracturas y asumieron el compromiso de la unidad, manifestado en una sola campaña y en una sola estrategia. Esa noche, bueno, la madrugada del 7 de diciembre, comprobaron que era verdad aquello de «compatriotas fieles, la fuerza es la unión».

Si a los partidos les tocó superar el escollo de la fragmentación, a la sociedad le tocó la épica tarea de lidiar con el miedo y la desesperanza. Y esa batalla la ganó con algunas estridencias colectivas propias de una campaña política –marchas, mítines-, pero en muchísimos casos se trató de una lucha en solitario y en silencio: noches de llanto y desvelo pensando en qué clase de vida queremos para nosotros y para nuestros hijos; pensando en que no nos merecíamos un presente tan negro, tan lleno de miseria, escasez, delincuencia y resentimiento. El gobierno no entendió que esta realidad era ya una pesadilla insoportable. El 6 de diciembre la gente despertó y fue a votar.

Y nada de eso salió en televisión nacional y solo algunas emisoras de radio informaron con equilibrio lo que sucedió ese 6D. Para mí y para mis colegas periodistas, el 6 de diciembre de 2015 fue el día en que vencimos la censura del gobierno e hicimos nuestro trabajo a través de las redes sociales y las plataformas digitales. No nos apoltronamos, cada uno tomó su teléfono, salió a patear calle y asumió el rol profesional para el que se formó: sortear cada obstáculo para informar aquello que el poder no quiso transmitir.

Quizás lo más relevante del 6 de diciembre de 2015 es que no fue cosa de un día: como todo lo que vale la pena, esa fue una victoria cosechada tras años de paciencia, de aferrarnos a la salida democrática como quien abraza una tabla de salvación en medio del naufragio que nos dejó el chavismo. El 7D amanecimos en la orilla: agotados pero satisfechos, sabiendo que cada error del pasado fue una lección que nos permitió forjar esa victoria; en fin, que no había sido en vano tanto dolor. Eso es lo que celebramos.

Artículo publicado el 7 de diciembre de 2015 en Newsweek en español Venezuela.

Related Posts

Add a Comment