Panamá: entre el crecimiento y el desarrollo

El director de Asuntos Económicos de la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá, considera esencial desarrollar el capital humano para apoyar el crecimiento económico del país

Gitanjali Wolfermann @GitiW

10 años con un crecimiento económico promedio en torno a 8% han transformado la faz de Panamá: solamente en 2013 los proyectos de construcción sumaron 11.522 obras -19,3% más que en 2012-, 45,8% de las cuales estuvieron destinadas al uso residencial y 54,2% para fines urbanísticos y comerciales. 

Entre las obras de infraestructura más emblemáticas destacan la culminación de la línea 1 del ferrocarril metropolitano; la construcción de la Cinta Costera 3; la ampliación de aeropuertos y el saneamiento de la bahía de Panamá.

“El desarrollo inmobiliario se ha dado en todos los sectores, incluyendo viviendas sociales y de alto valor, así como obras públicas, la construcción de una cantidad importante de nuevos hoteles, igualmente en la construcción de parques logísticos y centros comerciales”, explica Manuel Ferreira, director de Asuntos Económicos de la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá.

Al mirar atrás, Ferreira enumera las causas que, a su juicio, hicieron posible tal crecimiento. “Las políticas se concentraron en un adecuado manejo fiscal, un programa amplio de inversiones públicas, principalmente en infraestructura y la obtención del grado de inversión, lo que estimuló tanto la inversión directa extranjera como la local”. 

El funcionario destaca que junto a la minería (31,4%) y la construcción (29,8%), los sectores de servicios, comercio, transporte, turismo, finanzas, comunicaciones y logística, han sido los más beneficiados con la continuidad del crecimiento económico y en consecuencia, son los que han generado más empleos. 

Cifras del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) estiman que en Panamá, 30,8% de las personas ocupadas trabaja en los servicios; 26,9% en el comercio; 10,8% en la construcción; 10,6% en establecimientos financieros; 9,9% en transporte y comunicaciones y 8,3% en la industria.

A juicio del Banco Mundial y la Cepal, esta bonanza económica ha traído un desequilibrio en la conformación de la fuerza laboral panameña, al fomentar de manera desproporcionada los sectores de servicios, construcción y comercio, los cuales promueven un aumento de la remuneración de las actividades laborales que requieren poca calificación de la mano de obra. 

Llamados a la prudencia

El economista Eloy Fisher, en su análisis “Panamá crecimiento y conflicto: un grado de inversión en medio de complicaciones sociales e institucionales”, sostiene que “nadie puede poner en entredicho cuán bienvenido es este crecimiento económico. Empero, todo tiene su costo: lo súbito de esta bonanza quizás agarró a muchos sectores del país sin mayor preparación”. 

Fisher llama concretamente “a tener prudencia en dos niveles”: el primero deriva de las demandas que impone el dinamismo económico sobre la infraestructura existente, especialmente transporte, generación eléctrica y acceso al agua potable. 

El segundo nivel alude al desequilibrio en la generación de empleo y las consecuencias a corto, mediano y plazo de este desbalance. De acuerdo con la Organización Mundial del Comercio (OMC), actualmente 70% del PIB y dos tercios del empleo panameño derivan del sector servicios, lo que genera un conflicto entre la fuerza laboral que el mercado necesita hoy, frente a la que requiere para sostener el crecimiento a futuro. 

El Informe Nacional de Desarrollo Humano, Panamá 2014, elaborado por el PNUD, evalúa este contraste y apunta que la demanda actual del mercado laboral, ofrece una prima muy alta para las habilidades socioemocionales o “soft skills”, o en otras palabras, que “el modelo de crecimiento económico panameño produce incentivos que no apoyan las trayectorias de estudio y de trabajo de los jóvenes”. 

Tras el capital humano

El director de Asuntos Económicos de la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá lo tiene claro: “El tema del recurso humano es prioritario, por lo que se requiere mantener una política de transformación continua de la educación, mejorar la capacitación a nivel técnico y desarrollar una política migratoria inteligente, que nos permita obtener recursos humanos capacitados que apoyen nuestro futuro económico”. 

Estadísticas evidencian que el crecimiento económico experimentado desde hace una década no solo ha transformado la infraestructura de Panamá: ha cambiado también su demografía. 

De acuerdo con el PNUD, hasta 2010 la cantidad de inmigrantes registrados alcanzaba 121.000 personas. Aunque la data varía sustancialmente, hay estimaciones que señalan que actualmente hay 150.000 venezolanos viviendo en Panamá, profesionales y emprendedores en su mayoría, según una investigación reciente de la Universidad Simón Bolívar.  

El déficit de capital humano calificado ha llevado al Gobierno panameño a flexibilizar las regulaciones migratorias y laborales para extranjeros, para compensar que 63% de las empresas panameñas son dirigidas por extranjeros o panameños que estudiaron en el exterior, según revela el Índice de Competitividad Empresarial en Centroamérica, realizado en 2009, por la firma Goethals Consulting.

Datos de la Dirección General de Planificación y Evaluación Universitaria, señalan que 78% de los estudiantes que acuden a la Universidad de Panamá vienen de hogares pobres; cerca de 20.000 alumnos no logra costear la matrícula semestral y 55% deserta al segundo año, lo que los convierte en trabajadores no calificados, informales o “ni-ni”, es decir, que ni estudian ni trabajan.

El informe del PNUD deja claro que la nación centroamericana solo consigue suplir su demanda por mano de obra calificada mediante la importación a Panamá, situación que a mediano y largo plazo luce no solo insostenible, sino moralmente cuestionable. 

Frente a este reto, Domingo Latorraca, quien fue viceministro de economía de Panamá, sostiene que en efecto el país está en deuda con sus jóvenes en lo que respecta a la reorganización del sistema educativo para que pueda responder a lo que el mundo globalizado exige. “Para que el desarrollo alcance al crecimiento, el país deber invertir en generar mayor conocimiento técnico, bilingüe, con una visión integral”, concluye.  

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